
“El deseo de fuga era tal vez el impulso más persistente en mi vida. Prácticamente no había cosa de la que no hubiera querido huir.”
Hay libros que ponen en palabras todo aquello que llevamos dentro. Si fuéramos animales, es uno de ellos.
La historia gira en torno a un arquitecto de mediana edad que recorre la ciudad mientras reflexiona sobre su vida interior y cotidiana: su dificultad para comprometerse con trabajos estables y con las exigencias de la vida adulta, su rechazo al consumo, sus conflictos afectivos y amorosos. Una novela que alterna escenas concretas de la vida diaria con una reflexión profundamente existencial.
Genazino no habla de huidas espectaculares, sino de algo más silencioso y persistente: el cansancio de quedarse, de sostener, de habitar una vida que a veces pesa demasiado. El narrador observa, piensa y se vincula sin terminar de quedarse. Y es ahí donde aparece la pregunta que atraviesa toda la historia: ¿qué pasaría si no cargáramos con tantas expectativas, historias y versiones de nosotros mismos?
A veces, el deseo de fuga no es rechazo a la vida. Es una respuesta humana cuando permanecer duele, cuando el presente exige más de lo que el cuerpo puede dar y entonces huir parece la única forma de respirar.
Esta novela toca fibras profundas porque muchas no hemos querido huir de algo en específico, sino de todo lo que implica ser alguien. Leer este libro es reconocerse en esa ambivalencia: querer estar, pero no saber cómo quedarse; desear el vínculo, pero temer perderse en él; y, sobre todo, anhelar una vida más simple, más corporal, más viva.
Si fuéramos animales no ofrece respuestas ni consuelo inmediato, pero sí un espejo suave y compasivo para quienes, al igual que yo, alguna vez pensaron —o aún piensan— en irse, no para desaparecer, sino para descansar.
Tal vez este libro sea para ti si alguna vez quisiste huir, no para irte, sino para dejar de sostenerlo todo.
La navegante literaria:

Luisa Guadarrama psicóloga e instructora de yoga terapéutico. Siempre acompañada de un libro, viajera, exploradora de sitios literarios. Vive la literatura como una vía de reflexión y sensibilidad, integrando sus lecturas en la comprensión del mundo interno y de los procesos psicológicos. Es amante de los perros y visitante de cafeterías por las mañanas.
Café La Fauna es un lugar para compartir un buen momento tomando café, comiendo o buscando libros en su sala de lectura. Visítala en Morrow 8, Cuernavaca Centro.