
En esta entrega, Luisa Guadarrama, lectora habitual de Argonáutica, comenta acerca de “Fosca”, novela de Inma Pelegrín. “Fosca” del latín “foscus”, “oscuro”, se usa para referirse al pelo rizado y alborotado, al cielo oscuro, a una selva enmarañada o como sinónimo de “hosco”.
“Fosca es la primera novela de Inma Pelegrín, ganadora de cinco premios de poesía. Un potente thriller rural que combina opresión social, violencia, búsqueda de justicia y pérdida de la inocencia. El lenguaje está atravesado por la poesía y por la palabra popular, lo que le da una fuerza particular a la narración.
Nuestro querido protagonista, Gabi, padece una condición: le cuesta reconocer rostros, lo que complica profundamente sus relaciones sociales y familiares, aislándolo. Una noche ocurre una tragedia que cambiará su vida para siempre y afectará de manera irreversible su mundo infantil. Gabi, aunque no puede reconocer rostros y por lo tanto no sabe quién es el responsable, comprende que quien cometió el acto es alguien cercano. Decide entonces buscar justicia —o venganza— en un entorno que lo ha marcado de forma brutal.
¿Por qué me gustó tanto Fosca? Es el libro que más me ha marcado emocionalmente este año. Lo disfruté, pero también lo sufrí. Lloré junto al protagonista porque Gabi es el Otro. Además de su dificultad para distinguir rostros (prosopagnosia), tiene verrugas visibles y debe cubrir sus manos con guantes. Su cuerpo y su presentación lo colocan en el lugar de lo distinto, de lo que no encaja, un aspecto con el que creo que muchas nos identificamos. Esa diferencia lo convierte en blanco de humillaciones y rechazo, sostenidos desde lo simbólico.
Esto refleja una verdad desgarradora: uno no sufre solo por la condición, sino por la constante mirada del otro, por el rechazo social, por la internalización del juicio. Pelegrín pone en palabras lo que muchas veces queda silenciado: el dolor que habita en el cuerpo, pero que parece no tener un lugar donde ser sostenido.
Gabi tiene una perrita llamada Sombra, y su presencia es clave. Le da a Gabi un respiro, un espacio de ternura, apego, esperanza, compañía y contención. En medio del rechazo familiar y social, ese vínculo no humano ofrece una base segura de afecto verdadero, sin condiciones y, sobre todo, sin juicios.
Lo terapéutico no está solo en la palabra: está en la presencia, en el cuidado, en el contacto —humano o no humano—. A mí me llevó años entender que el apego se sana con apego (y no es solo una frase bonita; es una verdad biológica).
Gabi atraviesa conflictos muy crudos: el deseo de justicia o venganza, la incapacidad para confiar, el miedo constante, la culpa, la rabia y la sensación de “estar dañado”. Todo esto confronta su identidad. El crimen que ocurre lo cambia todo: el duelo, la pérdida en muchos sentidos —de la confianza, del refugio, de la inocencia—. Su búsqueda de justicia se desarrolla en un terreno incierto, traicionero, fosco.
La novela no es redentora en un sentido cómodo. No ofrece soluciones fáciles, pero sí la maravillosa posibilidad de nombrar, de mirar y de reconocer. Para mí, como psicoterapeuta, esto funciona como un espejo muy potente: nos recuerda que la sanación no es lineal, que duele, que implica duelo, memoria, cuerpo, identidad, vulnerabilidad y rabia.
Si disfrutas de personajes complejos, con voces interiores poderosas; de tramas donde lo que ocurre dentro importa tanto como lo que ocurre afuera; y si alguna vez te has sentido excluida social y/o corporalmente, esta novela puede resonarte profundamente.”
La navegante literaria:

Luisa Guadarrama, psicóloga e instructora de yoga terapéutico. Siempre acompañada de un libro, viajera, exploradora de sitios literarios. Vive la literatura como una vía de reflexión y sensibilidad, integrando sus lecturas en la comprensión del mundo interno y de los procesos psicológicos. Es amante de los perros y visitante de cafeterías por las mañanas.
Café La Fauna es un lugar para compartir un buen momento tomando café, comiendo o buscando libros en su sala de lectura. Visítala en Morrow 8, Cuernavaca Centro.